La protesta por la vivienda vuelve a tomar la calle y sitúa al Gobierno y a la oposición ante un malestar social que busca convertir el acceso a una casa digna en una cuestión política central.
La revolución de los techos
Por Félix López

El malestar por el acceso a la vivienda ha vuelto a ocupar las plazas de Madrid y de otras grandes ciudades españolas, en un contexto de asfixia marcado por los precios de los alquileres, las dificultades de emancipación de los jóvenes y los desahucios. Las movilizaciones evocan al 15M por el uso del espacio público y por su voluntad de intervenir en la agenda política, aunque aún está por ver su alcance, su composición y su capacidad de resistencia para reconfigurar el tablero político.
En los últimos ocho años, el Gobierno de Pedro Sánchez no ha adoptado las medidas estructurales que se necesitan en el escenario de la vivienda. También conviene examinar el historial parlamentario del PP y de Vox desde la oposición y recordar qué iniciativas rechazaron, con qué argumentos y mediante qué votaciones. Los que están acampados en la Puerta del Sol saben que el Gobierno no lo ha hecho bien y que la oposición es un palo en las ruedas y no un motor para cambiar las cosas. El ejemplo más cercano son los decretos sobre vivienda que acaban de tumbar en el Congreso, de espaldas a ocho millones de personas que podrían beneficiarse en alguna medida de los parches propuestos.
La respuesta política puede seguir varios caminos. El Gobierno y sus socios de coalición (demasiado rosada para llamarse de izquierda) deberían incorporar todas las demandas de las movilizaciones a una nueva iniciativa legislativa y someterla al debate del Congreso. Si se ponen del lado de la gente, si interpretan el clamor popular, habrá Gobierno progresista en España. Que demuestren por una vez su capacidad para convertir el malestar social en políticas eficaces. El mensaje está en la calle, pero su traducción electoral todavía no puede darse por segura.
Si después de reflexionar sobre la última bofetada recibida en el Congreso, el presidente Pedro Sánchez decide que la única salida es convocar elecciones, que se vista de pueblo y se vaya a anunciarlo a la Puerta del Sol, con los jóvenes, con los obreros, con los viejos que viven en el sobresalto del desahucio. De lo contrario, la derecha y los ultras (que gracias a Feijóo ya son lo mismo) seguirán legislando para los ricos y los amos históricos de la política. La revolución de los pisos y los techos plantó una semilla en la Puerta del Sol. Que germine depende de valientes. Los que quieran gobernar a España tienen que ir y ponerse al servicio de los que exigen una vida digna.
PD: Sindicato de inquilinas e inquilinos de Madrid no se rindan.
(Tomado del perfil de Facebook del autor).
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